La exfoliación

La piel se regenera constantemente, y las células muertas junto con las impurezas permanecen en la epidermis, que además de dar un aspecto deslucido a la piel favorecen la aparición de puntos negros y obstruyen la penetración de cualquier crema que te apliques en ella.

Al exfoliarla limpias la dermis en profundidad, activas la circulación, retrasas su envejecimiento, la desintoxicas al quitar las células muertas y permitir una buena oxigenación que dará a tu piel un aspecto luminoso.

Si nunca lo has hecho, puedes comenzar por una vez a la semana en el primer mes y luego cada quince días para evitar irritaciones. Si tienes piel seca o sensible deberías hacerlo cada tres semanas.

Primero lava tu cuerpo con agua caliente para ablandar la piel, luego coloca el producto que vayas a utilizar sirviéndote de una esponja o un guante de lufa, frotando suavemente con movimientos circulares, terminando con la aplicación de una loción hidratante.

Hay muchos elementos culinarios que pueden servir para una exfoliación natural; el azúcar con aceite o yogur natural mezclados hasta conseguir una consistencia cremosa; también la harina de maíz con aceite, donde los gránulos del azúcar y el maíz quitarán las impurezas y el aceite suavizará tu piel.

Si lo pones en el rostro haz movimientos circulares desde el mentón, pasando por las mejillas, la nariz y por último la frente, siempre de abajo hacia arriba sin restregar.

En este caso debes lavarte después de la aplicación.

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