La boda de Alberto de Mónaco

Todas las bodas reales tienen algo de cuento de hadas, y esta no podía ser menos, ya que este principado tuvo en su momento un enlace de película protagonizado por Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, una hermosa y talentosa actriz que dejó su carrera por un trono.

Cincuenta y cinco años después se repiten los festejos que ahora protagonizan su hijo Alberto y Charlene Wittstock; una nadadora sudafricana de singular belleza y elegancia.

Como es natural en todas las bodas, el novio pasa un poco desapercibido, y todas las atenciones están fijadas en el traje, peinado y hasta el maquillaje de la novia, que fueron muy elegantes y naturales.

David Molina, director creativo, explica su peinado, “el peinado ha sido bastante sobrio, en la parte lateral a falta de tiara, se ha extraído un mechón desde el lateral derecho y se le ha cruzado por delante de la frente (muy buena idea dado la forma de su frente). Mientras, la parte trasera del recogido ha constado de un moño bajo acabado en bucles pegados al moño y coronado por un tocado de brillantes en forma de ramillete de flores que salía de la nuca. El velo nace de la parte superior del moño en dos piezas, la pieza superior cubre el pelo y el rostro, la pieza inferior cae sobre la espalda fundiéndose con la espectacular cola”.

En cuanto al maquillaje, “el maquillaje de la novia, teniendo en cuenta que la boda se ha celebrado con luz natural, ha optado por la naturalidad con una base de maquillaje de acabado mate pero luminoso. Los ojos han sido maquillados con una combinación de sombra oscura en el extremo final del párpado medio y otra sombra en un color perla nacarado con reflejos rosas que llegan al lacrimal, los ojos enmarcados con un perfilador negro que intensifica sus pestañas que se han reforzado con unas extensiones, el difuminado de las sombras siempre en dirección ascendente para dar una sensación de mirada dulce, se ha marcado el interior del ojo con un delineador blanco. Los labios han sido maquillados con un tono rosa mate y sobre él un toque de brillo casi imperceptible, el colorete muy sutil en tonos melocotón coronado con un iluminador muy claro con reflejos rosáceos”.

El espectacular vestido diseñado por Armani combina el lujo con la sencillez, pero sólo el hombro de una nadadora podía soportar el peso de 40.000 cristales Swarovski, 20.000 lágrimas de madreperla, 30.000 piedras doradas y un velo de veinte metros de largo.

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