Antioxidantes concentrados

Sorprendentemente algunos antioxidantes se multiplican en los alimentos cuando estos son procesados. Ocurre, sobre todo, con algunas plantas de uso común.

Es lógico pensar que las mejores fuentes de estos antioxidantes de colores rojo y verde, son los propios alimentos y plantas en su estado natural. Sin embargo, en ciertos casos, su potencial se puede multiplicar al ser procesados.

A diferencia de la vitamina C, que pierde su capacidad antioxidante al entrar en contacto con el oxígeno, la luz o temperaturas elevadas, otros antioxidantes resisten bien estas condiciones.

Éste es el caso de sustancias como el Licopeno, uno de los antioxidantes del tomate, que mantiene sus cualidades incluso después de haber sido cocinado, o el jengibre, la cúrcuma y plantas como el té verde, el romero, la salvia o el tomillo.

Éstos aún después de haber sido desecados y transformados en polvo conservan, e incluso, concentran su capacidad antioxidante. Entre sus propiedades, refuerzan la memoria, protegen el sistema circulatorio y el tracto urinario y ejercen un efecto envejecimiento sobre todo el organismo.

Las plantas de color verde, espinacas y lechugas, deben su color a la clorofila, y su poder antioxidante es menor, pero resultan útiles por su capacidad depurativa y estimulante del sistema inmunitario.

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